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Category: Imágenes

MAGENTA

los lagos de Madison son vernáculos
uno apellida Monona
el otro Mendota
y navegan con el sol:
en Monona amanece,
en Mendota oscurece

Aquí, yo que perdí -si es que alguna vez la tuve-
la ciencia infusa de saber
quién es quién
en las horas de la vida

Aqui, yo sin saber
qué color ni qué cara tiene
la palabra magenta
tampoco si reivindica
familiaridad alguna con Maguncia
que más bien suena
a nombre de batalla

quien dice batalla
dice huérfanos
y muertos sin sepultura

debe ser por eso
que hoy amanezco más inerme
que de costumbre
y eso sí, triste
a más no poder.

 

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KRITI

1

En Creta, Monasterio de Toplú
Hania la marchita
Retimno de arquetipos
remonté palabras
joyas
lapizlázuli
esmeralda
uva pasa
esplendor de los olivares:
herida de belleza

2

alguna yo estuvo
a treinta años luz en Heraklion en el trucho Cnosos
extasiada ante los jóvenes que como si nada bailaban en los frescos
con la cornamenta de los toros
y dejaban un rastro de jazmines del país
mientras afanosas, las mamás cocinaban albóndigas
controlando los mares bruñidos y los crepúsculos
hasta hoy
donde aquí
cada guijarro, cada latido
negocia
su astilla de eternidad

bajo el firmamento rutilante
¿alguien puede no amar
los parrales de Archanés?

Isla de perros y gatos
cansinos
cigarras y pajaritos
vocingleros
que saben cerca la hora aciaga
de enfundar violines:
muy ciego y cierto en el meridiano
taconea invierno

en Hania, veneciana, una única sinagoga
desafía desde hace siglos
el salitre de la muerte
con su piscina de purificación
y su nombre
Arbol de la vida
casi intactos

crecido sin cuidado ni atención
el higo chumbo sabe defender
su prole y su dulzura

los minoicos
de ética y estética
hasta en las hierbas
de las tumbas
lo descifraron todo

la Callas imprecando
¡guerra, guerra, guerra !
se multiplica en las pantallas de los hoteles
el vecino alemán con avanzado parkinson
la aleja para comprobar que en su no tan lejano país
los nazis pisan fuerte el parlamento
una mujer ufana presenta sus mellicitas
que van idénticas por el mundo
privadas para siempre de alteridad

Creta oculta sus complicadísimas tramas
de mitos
asas de ánforas
y lámparas de aceite
aprendió que cuando se vayan los depredadores
los usureros
los masticadores de fétido aliento

la vendedora de gardenias
el vinoso ponto
seguirán allí
y Ulises también

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Marejadas santiaguinas

tal la zamba
la cordillera toda nevada
me acuesto
amanece con franja
tan gris como la ciudad
gris desvencijado, insinuante
gris pacífico
la cordillera sigue allí

bruma
humilde ropa tendida en la ventana de uno que otro edificio alto
insisto en el color que destiñe, chorrea, impregna las paredes y las barbas
un gris amenazador
un gris argento/boliviano
destartalado de hace siglos

palmeras incomprensibles
de gran tronco y edad provecta
aclimatadas al salitre y al frío

la miseria trajo por carradas
para todo servicio
haití

cada tanto umbrales salpicados
de carpitas quechua
marcas, heridas modestas pero indelebles en el adoquín

el paso cae en londres 38
lugar de tortura
nombres, edades, en plaquitas de metal
hasta cuánto puede soportar un pueblo la locura y la crueldad de manos
de parte de su propio pueblo, pregunto en clase
y me llega el abrazo de una muchacha, que viene de todas las nieblas y congojas
-es lo último que supimos de mi abuelo, que pasó por allí

la tele insiste en que averigüe que es un jonrón

cuando amainó la marejada
de valparaiso
volvió un sol que no se puede mirar de frente
que alguien me diga por qué

santiago, domingo de junio 2017

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Aeroparque

por Luisa Futoransky

Mi poesía se hizo en torno a una idea chiquita pero fundamental.

Nació la primera vez que me subí a un avión; al menos determinó que así había acontecido, mi memoria, tan tramposa.

Itinerario: de Baires a Brasil en un avión militar.

En el camino al aeropuerto vi un accidente de auto con un guante largo en el respaldo del asiento, ensangrentado.

El taxista dijo llamarse Ulises.

Al avión se le cayó una de las puertas de emergencia; el viento, impresionante, entró sin darnos tiempo a elaborar el miedo.

Cuando por fin despegamos todo era verde, la gente diminuta hasta desaparecer y de la ventanilla mirando la geometría de los cultivos me vino fuerte para quedarse enracinada la idea: fronteras no hay.

Los nacionalismos son ficticios, el guante ensangrentado, no.

Ulises cuando se jubila vuelve a Ítaca. Se frota las callosidades con piedra pómez. Se da un toque de aceite de almendras para protegerse del sol de frente. Silba y escupe un huesito de tragedia.

Lo demás es puro cuento.

12.5.17

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ZONA DE RIESGO:

HOY, CHAMIZO
estar
de paso
en este mapa que a veces cubre
pero no abriga

la mi vida, pampa sin abrojos
cuarteada, que siempre duele

a merced
del vendaval
la granizada

volveré a oler la primavera
en los brazos
la nuca, las órbitas
los dedos de los pies?

 

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